La transición de Europa hacia un sistema alimentario sostenible

13.10.2021

No hace muchos meses, se hablaba de la necesidad de alimentar a más de 9000 millones de personas en las próximas décadas y las dificultades de provisión de alimentos como el reto más importante de la humanidad, en un contexto de cambio climático y con unas expectativas de escasez de recursos hídricos y energéticos.

La irrupción de la pandemia Covid19 ha puesto en evidencia la vulnerabilidad de la sociedad acomodada, ya no se trata de mitigar el hambre en zonas depauperadas del planeta, los riesgos se globalizan y la riqueza y el desarrollo no garantizan la inmunidad. Hemos visto cómo, con el modelo de comercio global, junto con las mercancías, plagas y epidemias se extienden por todo el mundo.

La crisis climática se hace visible en los países más ricos de Europa, que han sufrido inundaciones catastróficas, que hasta ahora parecían circunscritas a países asiáticos y lejanos. Al mismo tiempo, países fríos como Canadá o el noreste de Rusia alcanzan temperaturas superiores a los 40 ° C y el sur de Europa y África sufren episodios severos de sequía.

En este contexto, Europa ha puesto en marcha la estrategia Green Deal, con el objetivo de “transformar la economía europea hacia un futuro sostenible, sin dejar a nadie atrás”.

Este pacto verde representa una gran apuesta por la sostenibilidad, con metas ambiciosas en términos de cambio climático, eliminación de emisiones y contaminantes al aire y al suelo, promoción de la economía circular y del uso eficiente de la energía y los recursos, y preservación y restauración de los ecosistemas y la biodiversidad. Sin perder de vista el compromiso con la seguridad alimentaria, como el derecho al acceso a alimentos suficientes, seguros y saludables para toda la población, a través de la estrategia “from farm to fork”.

La viabilidad del modelo económico y productivo depende de la capacidad de asumir los objetivos de desarrollo sostenible, como única pauta posible a seguir.

Hay que avanzar hacia un sistema alimentario sostenible, en términos ambientales, sin perder de vista que la sostenibilidad debe incluir aspectos que no se suelen tener en cuenta como la viabilidad económica y la justicia social.

Estos días un conjunto de ganaderos están denunciando que se les paga el litro de leche cinco céntimos por debajo del coste de producción, las últimas temporadas muchos productores de naranja valencianos han renunciado a la cosecha porque no pueden competir con los precios de mercado condicionados por las importaciones que vienen de todas partes, la mayoría de los pequeños productores hortícolas sólo pueden rentabilizar su producción a través de la venta directa, lo que añade la tarea de distribución en el trabajo de campo.

La proliferación y la extensión de los incendios, además de verse favorecida por las condiciones climáticas, se debe en gran medida a la desaparición de terrenos cultivados, que actuaban como cortafuegos, en beneficio de superficie forestal que aumenta año tras año. Paralelamente la imposibilidad de sacar rendimiento económico del bosque, impide la gestión incrementando el riesgo de fuego.

A pesar de este panorama se da la paradoja de que el sector alimentario, en su conjunto, no es percibido por la sociedad como solución sino como parte relevante del problema, y se cuestiona desde diversos ámbitos la producción y transformación de los alimentos como fuente de desequilibrios ecológicos, sin tener en cuenta, que no sólo la disponibilidad de alimentos depende directamente de este sector, sino que un sistema alimentario sostenible puede contribuir positivamente a la resolución de muchas de las amenazas ambientales.

Pero más allá de la influencia sobre el medio de la producción de alimentos, se debe tener presente que la sostenibilidad del sistema alimentario sólo será posible asegurando una rentabilidad económica que garantice unas ganancias que compensen la actividad, a la vez que permitan unas condiciones de trabajo y unos sueldos dignos, de lo contrario se seguirán cerrando explotaciones ganaderas y abandonando campos de cultivo. El derecho a los alimentos no puede basarse en una política de precios bajos, se deben implementar otros mecanismos para garantizar el acceso de todas las personas a una alimentación suficiente y saludable, pagando unos precios que garanticen unas ganancias razonables a los productores y trabajadores del sector alimentario.

Se debe evitar el desperdicio de alimentos y potenciar el consumo de productos de proximidad, para contribuir a la disminución de la huella de carbono, y facilitar el acceso a alimentos más nutritivos y saludables. Para ello se ha de garantizar la continuidad de las producciones locales, haciendo énfasis en la necesidad de formación de trabajadores para el sector, y mejorando las condiciones de trabajo para hacerlo atractivo para los jóvenes que se integrarán al sistema productivo.

Los retos son enormes, y las vías para enfrentarlos muy diversas, el logro de estos objetivos requiere una innovación continua, estableciendo ecosistemas innovadores destinados a incentivar y acelerar el desarrollo tecnológico, favoreciendo la investigación colaborativa y pluridisciplinaria para encontrar soluciones los problemas existentes y emergentes. La Red de Innovación Alimentaria trabaja en esta dirección, diseñando metodologías innovadoras para identificar los retos, elaborar proyectos complejos y facilitar la implementación de soluciones a través de un flujo eficaz del conocimiento.


Dra. Carmen Carretero Romay

Directora de la XIA
Catedrática de Tecnología de los Alimentos de la Universitat de Girona